viernes, 5 de febrero de 2016

EL ROMANTICISMO I


Romeo y Julieta es una obra dramática de Shakespeare que no pertenece al periodo romántico, sin embargo, la problemática que plantea nos ayuda a entender mejor los conflictos característicos del Romanticismo.
El primer aspecto se refiere a al conflicto entre individuo y sociedad. Nos muestra los impedimentos que la sociedad -la familia- impone a la realización del amor entre los dos protagonistas, debido al enfrentamiento entre ambas familias. Eso expresa a la perfección esta tensión característica del Romanticismo entre el yo y la colectividad. El héroe romántico defiende su libertad individual por encima de todo, y no acepta que se le imponga limitación o corsé. Con el acceso de la burguesía al poder (Revolución Francesa) se han difundido los principios del liberalismo que defiende los derechos y las libertades individuales.  El Amor entre los dos amantes enfrentados por la sociedad es, precisamente, una metáfora de la confrontación con las convenciones sociales que les impiden la realización como individuos.
Por otro lado, esta cuestión nos lleva al segundo aspecto. El tema del Amor, que es el tema principal del Romanticismo. El amor expresa la esperanza  de los románticos de encontrar un sentido a la existencia, en un momento en que la humanidad vive desorientada porque el mundo que había conocido se ha derrumbado.
Efectivamente, el mundo de ayer ha desaparecido. En el sentido más obvio, la sociedad burguesa ha dado paso a la revolución industrial y, junto con el liberalismo, se propagan valores mercantilistas hacia los que el hombre romántico expresa su rechazo, a menudo bajo la idealización nostálgica del mundo aristocrático y la aspiración a elevados ideales menos materialistas. El Amor es expresión de este anhelo hacia lo espiritual.
Esta espiritualidad es un rasgo fundamental del Amor, porque el Romanticismo es también la exaltación de la emoción, el sentimiento y la subjetividad, frente a la Razón que era el gran emblema del periodo anterior. La Ilustración había creído que la Razón podía substituir al relato teológico para dar cuenta del sentido del mundo, la vida y el hombre. Es la Ilustración quién ha dado sostén ideológico -liberalismo- a la revolución burguesa. Pero una vez ha conseguido acabar con los cimientos del Antiguo Régimen (monárquico y teocéntrico), no serà capaz de dar una explicación definitiva y satisfactoria del mundo. Tres son sus fracasos: en primer lugar, ofrece un informe incompleto y parcial del ser humano y el mundo de carácter mecanicista y factual que soslaya lo emocional y no satisface el ansía de trascendencia. La Razón da cuenta de los hechos, pero difícilmente ofrece un sentido o significado de estos mismos hechos.  En segundo lugar, las preguntas que la Razón resuelve llevan únicamente a la formulación de nuevas preguntas en un camino sin fin. En resumen, la Razón no consigue dar con un sentido orgánico y final de la existencia.
Así, el Amor representará el intento del hombre dejar de lado la Razón lógica para dejarse conducir por el sentimiento y la emotividad como camino para reencontrar el sentido perdido de la existencia.
Por todo esto, y resumiendo, el héroe romántico se  puede definir como alguien que no acepta ningún límite ni imposición (incluso se rebela contra Dios), y que busca en el amor la manera de transcender los límites que le son impuestos en tanto que humanos.
Así pues, no enfrentamos al Romanticismo desde una perspectiva singular: haciendo referencia a una obra literaria que no pertenece al movimiento. Es por eso -y en ese mismo sentido- que podemos pensar en otras figuras que nos permitan pensar el Romanticismo. En este punto, hemos pensado que otra referencia intemporal que podría expresar bien el conflicto romàntico sería el mito de Ícaro.

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